|
|
|
|
Ver foto:
1
2
3
|
Caturla
(1906
- 1940
)
Alejandro García Caturla, compositor, violinista y director de orquesta, constituye una de las figuras fundamentales de la vanguardia de su época, con una obra realmente renovadora dentro de la creación de concierto cubana del siglo XX.
Nació el 7 de marzo de 1906 en Remedios, ciudad perteneciente a la antigua provincia de Las Villas; una región que le permitió entrar en contacto desde niño con una rica tradición cultural afrocubana. Allí comenzó sus estudios de música con los profesores Fernando Estrems y María Montalbán; continuando luego su formación en la capital, donde permaneció entre 1922 y 1927 con el objetivo fundamental de graduarse de Derecho Civil en la Universidad de La Habana.
Mientras llevaba a cabo su carrera, trabajó en varias ocasiones como pianista acompañando películas en cines de barrio, lo que le permitió ganar algún dinero; pero su interés por el arte le mantuvo estrechamente vinculado con lo más valioso de la vida cultural de la capital, entablando amistad con intelectuales como Juan Marinello, Eduardo Abela, José Zacarías Tallet y Alejo Carpentier, de quien posteriormente utilizaría textos para varias de sus más importantes obras, entre las que se cuentan Yamba O (1928), Dos poemas afrocubanos (1929), Elegía del Enkiko (1934) y la ópera bufa Manita en el suelo (1934-1937) escrita para gran orquesta sinfónica y percusión afrocubana, solista y coro, con retablo de títeres.
Graduado ya como abogado a principios de 1927, regresa a Remedios e inicia una intensa y fructífera etapa creativa, logrando en sólo un año componer varias obras y poner en marcha además toda una serie de proyectos bien interesantes, como fueron la creación de una orquesta de cámara, con la cual lleva a cabo el estreno de su Obertura cubana; y la fundación de un periódico, al que puso por nombre Los minoristas, que lamentablemente contó sólo con una edición, en la que apareció publicada una crítica bajo su firma.
En 1928 viaja a París para estudiar por espacio de tres meses con la profesora Nadia Boulanger, lo que representó un período muy intenso de trabajo durante el cual recibió incluso la solicitud de varias obras por encargo, como la que le hiciera el director de orquesta francés Marius François Gaillard, de escribir una obra sinfónica para ser estrenada en la Sala Gaveau, a lo que respondió con su antológico Bembé.
En octubre de 1928 regresa a Cuba y comienza a ejercer en su ciudad natal como abogado y juez municipal, responsabilidades que lógicamente le robaron una enorme cantidad de tiempo que pudo haber utilizado para enriquecer su catálogo autoral, aunque siempre logró encontrar un espacio para componer y desarrollar diversas actividades a favor de la cultura, como es el caso de la fundación en Caibarién de la Sociedad de Conciertos, donde se encargó particularmente de divulgar la obra de Debussy, Ravel y Falla; así como su labor como violinista en las Orquestas Sinfónica y Filarmónica de La Habana.
La temática afrocubana fue el centro de su atención, mezclando la riqueza de sus ritmos con las técnicas de composición más contemporáneas, con lo cual se convirtió en uno de los iniciadores de sinfonismo moderno cubano, situándose entre la vanguardia de los creadores latinoamericanos, a pesar de muchos detractores que se esforzaron en restarle valor a su obra ante la incapacidad de asimilar su novedosa propuesta.
Otros títulos relevantes dentro de su catálogo son Tres danzas cubanas, para orquesta (1927); Sonata corta, para piano (1927); Preludio para órgano (1924); Bombo, para metal, madera, piano y batería (1929); Suite cubana, para viento y piano (1931); La Rumba, para orquesta (1933); Canto de los cafetales, para coro (1937); Sabás, para canto y piano (1937); Obertura cubana, para orquesta (1938); y Berceuse campesina, para piano (1939).
Nicolás Guillén fue otro de los escritores con cuya estética se identificó profundamente, apelando en varias ocasiones a sus poemas desde que en abril de 1930 aparecieran publicados los Motivos de Son, lo que originó la composición de piezas como Bito Manué, Canto Negro y Mulata.
Encontrándose en plena madurez creativa y con una sólida producción artística en franco desarrollo, su condición de juez propició que inesperadamente un delincuente que esperaba ser condenado por él, le disparara causándole la muerte, trágico hecho ocurrido el 12 de noviembre de 1940.
|